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Allí me encontraba yo, rodeado de personas que no me conocían, insultado humillado y golpeado. Viendo como la muerte era mi único pago. Grande era mi pecado y hay estaba yo, con mi alma adolorida y vergüenza en mi corazón. Todos a mí alrededor me señalaban y en sus manos las piedras listas tenían para acabar la vida de aquel al que ellos llamaban pecador. Yo allí solamente podía mirar al suelo, con lágrimas en mi rostro pedía que la muerte prontamente llegará.

De pronto sin saber de donde apareció, sentí que había alguien de pie a mi lado y delante de Él todos los que me rodeaban, con odio en sus voces mis pecados le gritaban y Él, sin moverse simplemente los escuchaba. Aún no sé qué les dijo, pero sin ver sentía como las piedras comenzaban a caer. 

Sin ser capaz de ver quien estaba a mi lado sentí como aquella persona en sus rodillas se apoyaba. Sentí que con su cálida mano mi rostro levanta y con amor me dice tus pecados han sido perdonados, yo no sabía quién era, sólo sabía que por sus palabras mi vida cambiaba. No entendía que pasaba pero no había voces que me acusaban, solamente Él con un susurro me decía cuánto me amaba. 

Con temor lo miraba, pero en sus ojos había tal amor, que mi alma se calmaba y tratando de levantarme el con amor me dice puedes marcharte pero no peques más. No puedo resistirme y le pregunto ¿qué pasará si vuelvo a pecar? Él con su amor y una sonrisa me responde…. te volveré a perdonar pero ahora por siempre estaré a tu lado, para ayudarte y así junto a mi lado dejarás de pecar.

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